Una homilía reciente del Papa Emérito Benedicto XVI, pronunciada en la Santa Misa que celebró con sus ex-alumnos. Vale la pena meditarla.
"Cada uno en la vida quiere encontrar su puesto bueno. Pero ¿cuál es verdaderamente el puesto justo? Un puesto que puede parecernos muy bueno, puede revelarse como un puesto nefasto…
También los discípulos discutían sobre los puestos mejores. Por el contrario Jesús se presenta como aquel que sirve. Él ha nacido en un pesebre y ha muerto en la Cruz, y con ello nos dice que el puesto mejor es el que está junto a Él, el puesto según su medida. Y el apóstol es el último en la opinión del mundo, y precisamente por eso está cerca de Jesús…
Quien en este mundo, en esta historia, se ve quizás empujado hacia delante y llega a los primeros puestos, debe saber que está en mayor peligro; debe mirar todavía más al Señor y medirse con Él, valorarse en función de su responsabilidad con los demás, debe convertirse en aquel que sirve, aquel que en realidad está sentado a los pies del otro, y así bendice y a su vez resulta bendecido.
Así, cualquiera que sea el puesto que la Historia nos quiera asignar, lo determinante es la responsabilidad ante Él, y la responsabilidad frente al amor, la justicia y la verdad. Cristo, el Hijo de Dios, desciende para servirnos, esta es la esencia de Dios, que consiste en darse a nosotros: el amor, el sí a los que sufren, la elevación de la humillación.
La Cruz es en la historia el último puesto, y el Crucificado no tiene ningún puesto, es un no-puesto, ha sido expoliado, es un nadie… y sin embargo Juan ve en el Evangelio esta humillación extrema como la verdadera exaltación. Y así Jesús está más alto, está a la altura de Dios porque la altura de la cruz es la altura del amor de Dios, la altura de la renuncia a sí mismo y de la dedicación a los demás. Éste es el puesto divino y queremos pedir a Dios que nos conceda comprenderlo cada vez más y aceptar con humildad, cada uno según su propio modo, este misterio de exaltación y de humillación".
Una homilía reciente del Papa Emérito Benedicto XVI, pronunciada en la Santa Misa que celebró con sus ex-alumnos. Vale la pena meditarla.
"Cada uno en la vida quiere encontrar su puesto bueno. Pero ¿cuál es verdaderamente el puesto justo? Un puesto que puede parecernos muy bueno, puede revelarse como un puesto nefasto…
También los discípulos discutían sobre los puestos mejores. Por el contrario Jesús se presenta como aquel que sirve. Él ha nacido en un pesebre y ha muerto en la Cruz, y con ello nos dice que el puesto mejor es el que está junto a Él, el puesto según su medida. Y el apóstol es el último en la opinión del mundo, y precisamente por eso está cerca de Jesús…
Quien en este mundo, en esta historia, se ve quizás empujado hacia delante y llega a los primeros puestos, debe saber que está en mayor peligro; debe mirar todavía más al Señor y medirse con Él, valorarse en función de su responsabilidad con los demás, debe convertirse en aquel que sirve, aquel que en realidad está sentado a los pies del otro, y así bendice y a su vez resulta bendecido.
Así, cualquiera que sea el puesto que la Historia nos quiera asignar, lo determinante es la responsabilidad ante Él, y la responsabilidad frente al amor, la justicia y la verdad. Cristo, el Hijo de Dios, desciende para servirnos, esta es la esencia de Dios, que consiste en darse a nosotros: el amor, el sí a los que sufren, la elevación de la humillación.
La Cruz es en la historia el último puesto, y el Crucificado no tiene ningún puesto, es un no-puesto, ha sido expoliado, es un nadie… y sin embargo Juan ve en el Evangelio esta humillación extrema como la verdadera exaltación. Y así Jesús está más alto, está a la altura de Dios porque la altura de la cruz es la altura del amor de Dios, la altura de la renuncia a sí mismo y de la dedicación a los demás. Éste es el puesto divino y queremos pedir a Dios que nos conceda comprenderlo cada vez más y aceptar con humildad, cada uno según su propio modo, este misterio de exaltación y de humillación".
"Cada uno en la vida quiere encontrar su puesto bueno. Pero ¿cuál es verdaderamente el puesto justo? Un puesto que puede parecernos muy bueno, puede revelarse como un puesto nefasto…
También los discípulos discutían sobre los puestos mejores. Por el contrario Jesús se presenta como aquel que sirve. Él ha nacido en un pesebre y ha muerto en la Cruz, y con ello nos dice que el puesto mejor es el que está junto a Él, el puesto según su medida. Y el apóstol es el último en la opinión del mundo, y precisamente por eso está cerca de Jesús…
Quien en este mundo, en esta historia, se ve quizás empujado hacia delante y llega a los primeros puestos, debe saber que está en mayor peligro; debe mirar todavía más al Señor y medirse con Él, valorarse en función de su responsabilidad con los demás, debe convertirse en aquel que sirve, aquel que en realidad está sentado a los pies del otro, y así bendice y a su vez resulta bendecido.
Así, cualquiera que sea el puesto que la Historia nos quiera asignar, lo determinante es la responsabilidad ante Él, y la responsabilidad frente al amor, la justicia y la verdad. Cristo, el Hijo de Dios, desciende para servirnos, esta es la esencia de Dios, que consiste en darse a nosotros: el amor, el sí a los que sufren, la elevación de la humillación.
La Cruz es en la historia el último puesto, y el Crucificado no tiene ningún puesto, es un no-puesto, ha sido expoliado, es un nadie… y sin embargo Juan ve en el Evangelio esta humillación extrema como la verdadera exaltación. Y así Jesús está más alto, está a la altura de Dios porque la altura de la cruz es la altura del amor de Dios, la altura de la renuncia a sí mismo y de la dedicación a los demás. Éste es el puesto divino y queremos pedir a Dios que nos conceda comprenderlo cada vez más y aceptar con humildad, cada uno según su propio modo, este misterio de exaltación y de humillación".
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